Adulto joven, de origen urbano y deportista, diana del melanoma

LOS ENFERMOS QUE SE BENEFICIAN DE UN DIAGNÓSTICO PRECOZ PUEDEN PRESUMIR DE HABER SUPERADO UN CÁNCER, YA QUE LA SUPERVIVENCIA ES DEL CIEN POR CIEN SIEMPRE QUE SE DETECTE DURANTE EL PRIMER AÑO. SI SE ESPERA MÁS TIEMPO, ESTA PATOLOGÍA PUEDE EXTENDERSE A OTROS ÓRGANOS Y PRODUCIR METÁSTASIS

Javier tiene 45 años y hace cuatro que plantó cara a un melanoma, el cáncer más agresivo y mortífero de todos cuantos existen. Fue en una consulta de revisión con su dermatólogo a causa de una infección por hongos en la espalda cuando el especialista descubrió que en uno de los hombros de su paciente había algo sospechoso. «Posiblemente –señala Javier– esos hongos me salvaron la vida». Puede que sí, porque aquel punto minúsculo que detectó el dermatólogo resultó ser un melanoma en fase precoz, de menos de 1 milímetro de espesor y, por tanto, con un buen pronóstico por delante. Javier sabe que ese diagnóstico temprano fue decisivo en su recuperación, «aunque el susto que me llevé no me lo quita nadie». En un primer momento, cuando le informaron de que tenía un cáncer de piel, Javier no dio crédito a las palabras de su médico. «Yo era una persona joven –recuerda–, sana, que hacía deporte regularmente y tenía bastante cuidado con mi alimentación. No fumaba, no solía beber alcohol… ¿cómo me iba a pasar esto a mí?». Según la doctora Martin de la Clínica de Medicina Estética Cocoon de Granada, Javier bien podría responder al perfil del paciente prototipo de melanoma en los últimos años. «Cuando yo estudiaba la carrera de Medicina –indica la doctora– se decía que el melanoma era un cáncer de ancianos, de viejos campesinos o marineros que se habían pasado su vida trabajando bajo el sol. Hoy, sin embargo, los pacientes que vemos en las consultas con melanomas son adultos jóvenes, de origen urbano, que practican deporte de cuando en cuando y casi nunca se aplican protección solar». Y es en ese grupo en el que se encuentra Javier, que responde uno por uno a todos los parámetros señalados por el presidente de la Academia Española de Dermatología: adulto joven, que vive en una gran ciudad y es aficionado desde hace tiempo a los deportes náuticos, a los que dedica muchos fines de semana al año en su Barcelona natal. Sólo hay un factor de riesgo que Javier confiesa no cumplir: él sí se echaba una capa generosa de crema de protección solar, aunque ahora reconoce que su «método» quizás no fuera el más indicado. «Siempre que salía a navegar antes me aplicaba mi protector en las zonas que quedaban descubiertas –indica Javier–, pero es cierto que no volvía a aplicármelo en todo el día, o que si tenía calor me quitaba la camiseta y no me ponía crema. Reconozco que muchas veces me quemé durante esos fines de semana, pero nunca fueron quemaduras graves, sólo un leve enrojecimiento de la piel, nada más». Son precisamente esas quemaduras de repetición las más dañinas para nuestra piel, «porque no deja de sufrir una continua agresión, que al final termina pasando factura –señala la doctora–. Nuestra piel tiene memoria, y cuando en ella demelanomas buta un cáncer, es porque lleva mucho tiempo siendo dañada». Por esa razón no se detectan melanomas en niños, aunque sí es posible que el cáncer de piel ya se esté gestando durante la infancia y dé la cara más tarde. «Lo que sí empezamos a ver ahora en nuestras consultas –continúa la especialista– son casos de demelanomas en adolescentes de 15 o 16 años, algo completamente impensable no hace demasiado tiempo». El perfil del paciente va cambiando: ya no son ancianos, ya no son campesinos, ni tampoco marineros; ya no son todos rubios y de piel clara, ni tampoco todos tienen los ojos azules. Javier, de hecho, es el perfecto mediterráneo, con su cabello castaño, ojos negros y tez oscura. Pero eso tampoco le salvó de un melanoma. «Cuando te pasa algo así –reconoce Javier– y te dedicas a informarte sobre la enfermedad y sus causas, te das cuenta de que esto le puede tocar a cualquiera, no sólo a las personas muy blancas de piel delicada». Y es en ese punto donde la doctora más quiere incidir, «porque, en general, la gente no está mentalizada en que cualquiera que no se tome en serio el sol, puede sufrir un melanoma».

CIFRAS

Las estadísticas dicen que el especialista tiene razón. «En una encuesta realizada por la Academia Española de Dermatología y Venereología hace tres meses –precisa su presidente–, los resultaron indicaron que un 60 por ciento de la población española sabe que tomar el sol es malo, pero lo realmente preocupante es que hay otro 40 por ciento que no lo considera así». La cosa no es baladí, «ya que estamos hablando del tumor más maligno de cuantos existen, el que con un grosor más pequeño puede causar más daño sobre el organismo». Claro que el melanoma también tiene su parte «favorable », si es que se puede llamar así. «Tras el diagnóstico –indica el especialista– la supervivencia es del cien por cien siempre que se detecte durante el primer año, cuando el melanoma todavía está confi nado en la epidermis. Después del segundo año, cuando penetra en la dermis y los capilares, puede producir metástasis en diversos órganos y entonces la curación es mucho más difícil».

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